viernes, 13 de mayo de 2011

GRACIAS A LA VIDA

Cuando nació mi hijo pequeño, y pasaron unos meses, decidimos bautizarlo,  igual que  a su hermano mayor nuestro primer hijo Paco, “era la costumbre “como tenemos la suerte de tener un amigo sacerdote, de los que yo llamo de los buenos, de los comprometidos con los problemas de la gente, honesto y sensato, pues bien nos hacía ilusión  bautizarlo en el campo, al aire libre, otros buenos amigos Lucí y Miguel  nos ofrecieron su casa, esta está situada en plena sierra de Córdoba en un entorno privilegiado. Juan nuestro amigo sacerdote, estuvo de acuerdo, pusimos una fecha y lo preparamos todo. Era un esplendido día de verano, y como en Córdoba los veranos son muy calurosos  decidimos hacerlo  a la caída de la tarde. 

Improvisamos un bonito altar, con una mesa  alargada  que cubrimos con una sábana blanca, y un mantel de hilo con preciosos encajes, encima del improvisado altar pusimos un candelabro, de plata que alguien nos presto, y también una bonita fuente igualmente de plata, en el otro extremo un bonito ramo de flores blancas, delante, y a ambos lados unos macetones de helechos y  de  la costilla de Adán, plantas de un verde intenso y muy decorativo. El entorno no podía ser mejor, además de las vistas, estábamos rodeados de una naturaleza salvaje, arboles como el pino, las encinas, eucaliptos, arbustos como el lentisco, el romero, el arrayan, los madroños, y todas las variedades de jara que tenemos en nuestra hermosa sierra, y que podemos disfrutar a  tan solo unos minutos de Córdoba, el cielo lucia de un intenso azul.

Estábamos toda la familia, muchos buenos amigos, algunos con sus respectivos hijos, el ambiente era sumamente agradable. Juan el sacerdote, comenzó la ceremonia con unas hermosas palabras, diciendo la importancia de los padres en la educación de los hijos,  para que sean buenas personas por encima de todo, acto seguido puso una cinta en el magnetofón, dé pronto comenzó a sonar una bonita música seguida de una   maravillosa voz, la canción era Gracias a la Vida, todos los allí presentes guardamos un silencio absoluto, y aunque  ya conocíamos algo la canción nunca habíamos apreciado su contenido, y no sé si fue el entorno, mezclado con los olores de los  jazmines que empezaban abrir, el cálido atardecer, pero lo cierto es que todos escuchamos en silencio y muy atentos, y a medida que avanzaba la canción se reflejaba en nuestros rostros la emoción, nos pareció que esa canción  era  un canto a la vida, a la naturaleza, un  maravilloso canto de agradecimiento, por ser lo que somos.

Gracias a la Vida que me ha dado tanto. Sonaba la voz impresionante de Mercedes Sosa, solo interrumpida por los trinos de algunos pájaros al sobrevolarnos, y cosa curiosa hasta los niños guardaban silencio, como si intuyeran que esas palabras pudieran ser el emblema que riguiera sus vidas, palabras sencillas que nos enseñan a valorar lo verdaderamente importante.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Medio dos luceros que cuando los abro.
Perfecto distingo lo negro del blanco.
Y en el alto cielo su fondo estrellado.
Y en las multitudes al hombre que yo amo.

Al despertarnos lo primero que hacemos es abrir los ojos, algo tan simple y rutinario y no nos paramos a pensar  en lo importante que es, nos levantamos sin tropezar, porque vemos por donde pisamos,  y nos miramos al espejo para asearnos, y sabemos cómo es nuestro rostro, abrimos la ventana y miramos al cielo, y a las calles, y a las gentes, los campos con su abanico de colores, de diferentes tonos de verdes, de alfombras de colores, en primavera, y dorados en verano y ocres y rojizos en otoño, también, nos deleitamos con el cromatismo del mar, y podemos leer libros maravillosos que nos trasportan a otros mundos a otras vidas, y tantas cosas más, pero sobre todo podemos ver las caras de nuestros seres más queridos. Somos Afortunados. 

Gracias a la Vida que me ha dado tanto.
Me ha dado el oído que en todo su ancho.
Cada noche y días, grillos y canarios,
Martillos, turbinas, ladridos, chubascos.
Y la voz tan tierna de mi bien amado.

No, no nos damos cuenta de  que podemos escuchar, las palabras cariñosas de nuestro compañero, la de nuestros hijos, desde que empiezan a balbucear, y damos gracias, por su inocencia, y oímos con deleite nuestra música preferida, y nuestras canciones, los ruidos de la calle, escuchando hemos aprendido todo porque oíamos  las explicaciones, de nuestros padres y maestros, y podemos distinguir las voces unas de otras. Somos afortunados.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado el sonido y el abecedario.
Con él las palabras que pienso y declaro.
Madre, amigo, hermano, y luz alumbrando.
La ruta del alma del que estoy amando.

No nos damos cuenta, que podemos andar, porque es nuestra rutina, porque lo  hacemos a diario, subimos y bajamos escaleras, andamos por calles y plazas, paseamos o corremos por la playa, pedaleamos en la bicicleta, nadamos, igualmente con nuestras manos y brazos, acariciamos  y abrazamos, y al hacerlo sentimos un goce especial y tantas y tantas cosas, que no sabemos valorar. Somos afortunados.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado la marcha de mis pies cansados.
Con ellos anduve ciudades y charcos.
Playas y desiertos, montañas y llanos.
Y la casa tuya tu calle y tu patio.

Nuestro corazón late, estamos vivos. Sentimos que se ralentiza, cuando dormimos, y que se agita cuando nos emocionamos, nos duele cuando sufrimos, se desboca cuando hacemos el amor con la persona amada, es el motor de todas nuestras emociones, lo tenemos dentro, y no nos damos cuenta. Somos afortunados.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Medio el corazón que agita su marco.
Cuando miro el fruto del cerebro humano.
Cuando miro al bueno tan lejos del malo. 
Cuando miro al fondo de tus ojos claros.

Podemos reír, y la risa nos alegra la vida la vida, es tan importante, saber reír, y saber reírse de uno mismo,  tomarse la vida con filosofía, y sentido del humor, no dar demasiada importancia a lo que realmente no la tiene, cuando hay tantas tragedias en el mundo, y tanta gente que lo pasa mal, no podemos y no debemos, creer que nuestros pequeños contratiempos, son importantes, tenemos el don de poder llorar, bendito llanto, que nos alivia las penas, aunque sigan dentro, son el bálsamo que las suaviza, también lloramos de alegría y felicidad, en ese  caso nuestros ojos adquieren un brillo inusual, lloramos, reímos. Somos afortunados.

Gracias a la vida, que me ha dado tanto,
Me ha dado la risa y me ha dado el llanto.
Así  yo distingo dicha de quebranto.
Los dos materiales que forman mi canto.
Y el canto de ustedes que es el mismo canto.
Y el canto de todos que es mi propio canto.
GRACIAS A LA VIDA

Terminado el acto del bautismo, tan emotivo e inolvidable por lo inusual, volvió la algarabía, los niños jugando y corriendo, los mayores de agradables tertulias, comiendo y bebiendo como   no podía ser menos, pronto se nos hizo de noche, y si el atardecer fue sumamente  agradable, la noche no lo fue menos, bajo un cielo estrellado la temperatura ideal, buenos amigos, buenas conversaciones, buena comida. Fuimos afortunados.

Aquel día de tan gratos recuerdos y sobre todo, aquella canción, marco una máxima en mi vida, no hay un solo día que al despertar no de gracias a la vida, por vivir un nuevo día. 

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